Envejecimiento asincrónico y paralelo: una nueva mirada al envejecimiento biológico
Envejecimiento asincrónico y paralelo: una nueva mirada al envejecimiento biológico
Autores: Thomas A. Rando y Tony Wyss-Coray
Publicado en: Cell, Vol. 184, 2021, pp. 4573–4585
DOI: https://doi.org/10.1016/j.cell.2021.07.011
Los autores se apoyan en una serie de experimentos de parabiosis —especialmente aquellos realizados a partir de 2005— como una de las evidencias experimentales más reveladoras del papel central del entorno sistémico en el proceso de envejecimiento. En estos estudios, dos animales (generalmente ratones) son quirúrgicamente unidos para compartir un sistema circulatorio común. Cuando se empareja un ratón joven con uno viejo (parabiosis heterocrónica), se ha observado que el organismo envejecido experimenta mejoras notables en diversas funciones fisiológicas: incremento de la regeneración muscular, recuperación de capacidades cognitivas, aumento de la neurogénesis en el hipocampo y renovación de tejidos como el hígado y el corazón.
Este fenómeno sugiere que el envejecimiento no depende únicamente del deterioro celular autónomo, sino que factores circulantes en la sangre —como proteínas plasmáticas, citoquinas, metabolitos y microARNs— pueden modular la actividad y la regeneración celular de forma significativa. Dichos factores pueden actuar como señales de envejecimiento o, en el caso del entorno joven, como señales rejuvenecedoras capaces de “reactivar” funciones celulares que se habían apagado con la edad.
Rando y Wyss-Coray destacan que estos resultados desafían la visión tradicional del envejecimiento como una acumulación inexorable de daños moleculares dentro de las células. En cambio, proponen que una parte sustancial del envejecimiento es regulada de manera extrínseca, por el entorno sistémico en el que esas células residen. Por tanto, modificar dicho entorno —por ejemplo, a través de la eliminación de factores pro-envejecimiento o la introducción de factores juveniles— podría convertirse en una vía terapéutica realista y no invasiva para mitigar los efectos del envejecimiento.
Este enfoque plantea preguntas fascinantes: ¿cuáles son exactamente esos factores claves? ¿Podrían ser aislados y administrados sin necesidad de parabiosis? ¿Es posible “reprogramar” el ambiente sistémico de una persona mayor sin modificar sus genes ni sus células individualmente?
Los estudios de parabiosis no solo abrieron la puerta a estas preguntas, sino que establecieron un nuevo paradigma en la gerociencia: el envejecimiento es, al menos en parte, reversible, y el entorno extracelular, lejos de ser un simple medio de transporte, juega un rol dinámico en la regulación de la edad biológica.
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